El ser humano evoluciona según los hechos que vive o que observa, complementando ambas partes en alguna expresión artística, repleta de emociones y reflexiones. Algunas de estas formas de expresión se desarrollan tan sublimemente que pasan a ser consideradas obras maestras. Y bien merecido que tienen su nombre, ya que la emoción que producen es de una intensidad sin comparación, con efectos, muchas veces, devastadores para las verdades absolutas y las creencias de los seres humanos.
Si leemos un libro cumbre de un estilo literario, sentimos la transición a otro espacio, en las palabras que leemos. Yo intuyo que este tipo de obras, tan destacadas y portentosas solo pueden ser fruto de un ser humano excepcional, amante de acumular experiencia. Experiencias que debían ser disonantes con la época, pues, de que otra forma puede un ser humano cambiar su forma de pensar según el período que vive, es decir ¿cómo se gestó en la mente del autor el deseo de cambiar el estilo o la forma de ver la vida predominante? Si miramos de cerca los textos redactados a lo largo de la historia, veremos una marcha evolutiva similar a la marea, una analogía perfecta para explicar la situación generada por la divergencia por libre albedrío. Algunas veces, las olas se complementan, mientras que, otras veces, confluyen en un choque de agua que van y vienen sin detenerse, y es este choque el que simboliza la transición de un “mundo” o “estilo” a otro. Según las vivencias que estos hombres tuvieron, es que decidieron adoptar tal o cual forma de expresión. Creo que la analogía con el mar, en este punto, se vuelve obvia, simple y fácil de comprender. Y, de la misma forma en que el conocimiento de las cosas se da en función de lo que entendemos de ellas, es así como el hombre decide y hace, según lo que cree correcto, a veces, mediante una prueba tipo “ensayo y error”, otras, según la fe; o bien, por el motivo expuesto, la experiencia misma. Por lo visto, para comprender a un ser humano, no podemos hacerlo desde nuestra perspectiva, sino que desde la del mismo ser, pensar esa comprensión como una generatriz de la acción, es internarnos en el mundo del hombre, para este caso, del escritor.
Teniendo el fundamento base de cualquier tipo de comprensión, es posible revisar la temática del texto en su desarrollo histórico. Desearía iniciar siguiendo la matriz histórica; pero, considero que se comprenderá aún mejor al Realismo si antes pasamos por el Naturalismo. Si bien el refrán “de tal palo, tal astilla” se haya presente aquí, es necesario hacer notar la diferencia más importante entre estos dos mundos, que es el determinismo y la ciencia presentes, y fuertemente arraigada, al estilo Naturalista. Además, la predestinación se hace notar en los textos, siendo generada por las vivencias biológicas de la persona. Y, ¿a qué me refiero con las vivencias biológicas de la persona? Nuevamente me es necesario recurrir a la comparación para explicar el término, sin embargo, ahora será más simple. Recordando la forma de conocer de la persona, definida anteriormente, llegamos al punto de la experiencia y la forma de actuar según la experiencia poseída, esa experiencia y su repercusión en el organismo biológico es lo denominado vivencia biológica. Y, ¿a qué se debe este entrometimiento de la biología en este texto? Pues, a la correlación entre la experiencia y el cambio de pensar, motivador del cambio de estilo.
He divagado por asuntos que, relativamente debido al tema, no son de mi incumbencia, pero prefiero haberlo hecho, para plantear así la duda inevitable a cada suceso creador del “cambio de ver las cosas”.
Haciendo referencia al párrafo antecesor al anterior, es la vivencia biológica la que aparece por el libre albedrío de la persona, la cual, pese a su determinación científica planteada por el naturalismo, puede elegir sin por ello afectar las consecuencias, o bien, no puede elegir simplemente. Y aquí surge una diferencia importante, que genera una deducción en el avance de la ciencia, la cual es que en el tiempo predecesor al Naturalismo, es decir, el Realismo, el ser humano podía ejercer el libre albedrío, y un ejemplo clarificador respecto de esta opción del Realismo lo plantea la lectura del “pobre feo” de Eduardo Barrios, donde prima el comportamiento humano conjuntamente con la posibilidad de la muchacha por lograr el corazón del joven ciego. Relacionando con el Naturalismo, es exactamente esa libertas la que se pierde, el hombre es controlado por sus instintos y emociones, además de una plan biológico que determina otra parte de nuestra existencia; y el ejemplo está aquí, en “El Castigo” de Máximo Gorka, la lectura de este libro muestra al ser humano como presa de sus emociones e instintos bajos, en donde la falta de moral es plausible íntegramente por el lector, y he aquí, otra característica del Naturalismo… Y bien, ¿cuál fue el predecesor de estos dos? El romanticismo sin lugar a dudas, y este, debo decirlo, fue un estilo, desde mi perspectiva, que trascendió en el espíritu del hombre hasta lograr encontrar la pasión por el arte y la expresión, solo el romanticismo dejó la mano del artista bajo la guía del espíritu en complemento con el corazón… De estos parámetros surgió la llamada contracorriente, que comprendía al Naturalismo y al Realismo, y después de estos vino el cuestionamiento fundamental del ser humano, producto del darse cuenta que la “marea” redobló su cauce al unir la cotidianidad humana junto con su determinismo biológico, entonces ¿qué creación literaria puede hacer frente a este ímpetu detractor del romanticismo anterior? Podemos plantear como respuesta el Modernismo, aquel que intenta revivir el arte en su puro estado de forma y melodía, aquel que intenta hacer cantar a las palabras, esto, para tratar de dar vida y sentimiento al motivo a transmitir; desgraciadamente, no podemos afirmar que el Modernismo haya sido una especie de renovación del romanticismo, quizás si lo intentó; pero, yo planteo que no lo logró. Solo puedo argüir que trató de hacerlo, como bien acabo de mencionar, mas la expresión del modernismo no alcanzo a desprender esta frivolidad de su estilo predecesor, como si se hubiese quedado, una parte del Modernismo, inmerso en el Naturalismo.
Ante todo, el Modernismo abarcó mundo existentes en los ambiente de refinada bohemia, haciendo frente de esta forma a la teoría de la importancia entregada a la cotidianidad de la vida. Al modernista le gusta la historia, en “Sonatina” de Rubén Darío tenemos un ejemplo significativo, es la princesa un personaje de los tiempos medievales, y no de los de la época; tomando en cuenta que es carácter del Modernismo tener cierto desdén por la realidad de la época coetánea, entonces es un buen ejemplo a tomar. Además de los paisajes exóticos del poema que son otro símbolo indudable del sentir Modernista.
Y la historia continúa transcurriendo, es de esperar que el punto máximo de la cultura literaria no haya sido alcanzado aún, para así poder seguir disfrutando de la evolución de la novela y la poesía, sin preocuparnos de si la cúspide estará cerca; o bien, tal vez hemos iniciado el proceso de caída, en donde la decadencia de la cultura en general será acompañada de un mundo en donde los hombres ya no podrán ser considerados hombre, habrán perdido el talento, y por consiguiente, su naturaleza divina, su espíritu.
1 comentario:
Es tan enredado como los libros de la teoria del conocimiento
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