jueves, 3 de mayo de 2007

Respuesta a una pregunta: ¿En qué consiste el cambio de status de la homosexualidad en la post-modernidad? ¿Cuáles son las causas y serán sus efectos?

“La homosexualidad es la inclinación a tener relaciones sexuales con individuos del mismo sexo” Esta definición, sacada de un diccionario, era suficiente para, en los tiempos de la moralidad religiosa y dogmática basada en la Biblia, suscitara el grito: ¡Anatema!, de entre las multitudes. Sin embargo, esos tiempos quedaron atrás, y sin tomar en consideración el ciclo de la vida que plantea Nietzsche, es muy probable que se de por superada la discriminación de la sociedad hacia individuos que desean interactuar sexualmente con seres de su misma naturaleza genérica. Ahora bien, el cambio de status, de estado, de forma de percibir y comprender la homosexualidad debe ser analizado desde la base, en sus cimientos. Por lo tanto, responderé primeramente sobre las causas para luego continuar con el cambio de status.

Las causas del cambio de percepción que se tiene de la homosexualidad, son de un carácter histórico. En la paulatina evolución de los seres vivos, la adaptación, en función del conocimiento que tenían del mundo, ha ido generando avances (no hago referencia a si son positivos o negativos) en la forma en que percibimos el mundo, nuestro entorno, conjuntamente con las personas que nos rodean. Y han sido estos nuevos desarrollos, los que nos han entregado diversas formas de auto-conocimiento; por ejemplo, gracias a los avances en los estudios de la Biología podemos afirmar la separación del ser humano del mundo, como un ente que no es del mundo, debido a que una membrana lo aísla de éste. Ahora bien, retomando el tema de los desarrollos, han sido estos, los que en el ámbito social han hecho germinar la idea de la relatividad absoluta, como apoyo a la individualidad; y tal ha sido la repercusión que ha tenido que se ha llegado al punto en que cada ser es libre absolutamente de elegir según le parezca su opción de disfrutar la vida. Y es este goce ansiado de la vida el que se respalda en otra causa del cambio de status, hago referencia aquí a la idea nihilista de inmanencia, en donde el único mundo que existe es éste, y no existe un más allá (como era la idea antagónica de la trascendencia). Al negarse la idea de la trascendencia, de que luego de la muerte podremos recibir el juicio de nuestros actos y la resolución final; entonces, reflexiona el hombre, no le queda otra alternativa que disfrutar de la única forma que su cuerpo (no su espíritu, pese a que Nietzsche niega la trascendencia no niega el espíritu, de hecho lo relaciona con un estado superior, matriz probable del Übermensch) le puede proporcionar placer, siendo ésta la realización en plenitud del acto sexual. Como bien dije en el párrafo anterior, al hombre no le queda nada, excepto el placer, y es ésta idea Nihilista la que da cabida a la homosexualidad como forma de vivir la vida; ya que, deducen los hombres, no podemos privar a un ser humano de lo único que puede darle satisfacción, además, como bien planteamos, la relatividad como apoyo a la individualidad da un respaldo auténtico y potencial en lo que respecta a sus actos y formas de actuar o de convivir. Esta deducción se la asocia con la libertad de la post-modernidad, el ser humano adquiere su individualidad al poder gozar libremente de lo único que posee, su cuerpo; toma además como consideración la preferencia del cuerpo que desea e intenta mantenerlo joven y fuerte, para así aumentar el disfrute.

Entonces, luego de estos planteamientos, la sexualidad, tanto en su forma hetero-, como homo-, confluyen en un mismo punto, que es el de obtener placer; siendo este el objetivo, no existe argumento para decir que el homosexual actúa de forma inmoral, ya que la moralidad dejó de existir como tal, solo quedan atisbos de lo que alguna vez fueron las llamadas “buenas costumbres” o “ética”, el lema del hombre ahora no es seguir los preceptos impuestos por la sociedad para mantener el orden, sino que responde altivamente: “No estoy ni ahí”. Esta expresión da para cuestionarse: ¿no habría sido más saludable quedarse en la edad media, en donde por lo menos, aunque no fuese correcto (y con lo que sabemos ahora, la relatividad nos apoya en nuestra forma de pensar, independiente de los tiempos modernos y sus pensamientos) sabíamos quiénes éramos y, lo más importante, nos importaba nuestro prójimo? Pese a que es importante el cuestionamiento, no puedo extenderme como quisiera, sin embargo aprovecharé para vincular la opción del pasado con las consecuencias venideras.

Ahora bien, como consecuencia de los puntos planteados anteriormente en el texto, creo que el ser humano ha entrado en la disyuntiva, en donde la elección traerá consecuencias irreversibles (debido a los avances de estos tiempos dar un paso atrás significaría ingresar en un estado de caos impresionante, ya que muchos seres vivos, así como seres creados por los humanos (máquinas, computadoras) se negarían, o simplemente no podrían acoplarse a un retroceso de la civilización). Trayendo al tema la historia, en la edad Media se vivía con seguridad de que, luego de la muerte, venía la redención o el eterno castigo, pese a tener la seguridad de éste planteamiento, la vida de los hombres no era felicidad absoluta, ya que el cuerpo (principalmente el pueblo) de lo hombres se encontraba mal alimentado, junto con otros factores; sin embargo, el alma del campesino era crédula, la razón no se cuestionaba… Nosotros, en la modernidad decidimos perder el espíritu de la fe, de la creencia ciega, a cambio de mantener el cuerpo en un estado de plenitud. Y al invertir estos factores, se da como consecuencia el cambio de percepción que se tenía en la edad media del cuerpo (algo pasajero) a la modernidad, en donde el cuerpo es lo único que tenemos, y ni siquiera por un tiempo ilimitado (se mantiene lo pasajero del cuerpo, más la eternidad del ser se pierde a cambio de vivir gozando y feliz en el mundo). Entonces, volviendo a la disyuntiva de la sociedad moderna, es interesante traer del mundo histórico otro dato: en las profecías mayas se hace referencia a estos cambios que experimentará la sociedad, y se hace alusión a un pasaje muy interesante (para que usted lo investigue, o luego se lo cuento) en donde la humanidad deberá decidir entre unirse como especie o disolverse en el Universo. Y ¡he aquí!, la afirmación de las profecías mayas concuerda firmemente con la del planteamiento de unión entre seres. Al ser cada uno individuos, poseedores de una individualidad y creadores de una percepción relativa para cada uno; no somos capaces de ponernos en el lugar del otro y convivir bajo nuestros principios, teniendo en cuenta que nuestras acciones deben estar en armonía con nuestro entorno. Esta última aseveración se clarifica al pensar en el calentamiento global, a tal punto a llegado el hombre por el camino de la individualidad, que ha dejado el planeta en un estado de semi-destrucción, al igual que los lazos sociales y afectivos de las personas, la comunicación se ha restringido, al igual que la importancia que le damos a lo que sienten los demás al soportar nuestras críticas… En definitiva, todos nuestros actos son respaldados por una sola máxima, un imperativo categórico que, según los argumentos planteados anteriormente, no conducirá hacia la sobre vivencia de la especie: “No estoy ni ahí”. Y, pese a la esperanza que ve Nietzsche, como ningún otro filósofo de su época ni posterior (destacados), aún es posible que la llegada del súper Hombre al mundo sea factible.

domingo, 29 de abril de 2007

“Realismo, Naturalismo y Modernismo: una mirada del presente”

El ser humano evoluciona según los hechos que vive o que observa, complementando ambas partes en alguna expresión artística, repleta de emociones y reflexiones. Algunas de estas formas de expresión se desarrollan tan sublimemente que pasan a ser consideradas obras maestras. Y bien merecido que tienen su nombre, ya que la emoción que producen es de una intensidad sin comparación, con efectos, muchas veces, devastadores para las verdades absolutas y las creencias de los seres humanos.

Si leemos un libro cumbre de un estilo literario, sentimos la transición a otro espacio, en las palabras que leemos. Yo intuyo que este tipo de obras, tan destacadas y portentosas solo pueden ser fruto de un ser humano excepcional, amante de acumular experiencia. Experiencias que debían ser disonantes con la época, pues, de que otra forma puede un ser humano cambiar su forma de pensar según el período que vive, es decir ¿cómo se gestó en la mente del autor el deseo de cambiar el estilo o la forma de ver la vida predominante? Si miramos de cerca los textos redactados a lo largo de la historia, veremos una marcha evolutiva similar a la marea, una analogía perfecta para explicar la situación generada por la divergencia por libre albedrío. Algunas veces, las olas se complementan, mientras que, otras veces, confluyen en un choque de agua que van y vienen sin detenerse, y es este choque el que simboliza la transición de un “mundo” o “estilo” a otro. Según las vivencias que estos hombres tuvieron, es que decidieron adoptar tal o cual forma de expresión. Creo que la analogía con el mar, en este punto, se vuelve obvia, simple y fácil de comprender. Y, de la misma forma en que el conocimiento de las cosas se da en función de lo que entendemos de ellas, es así como el hombre decide y hace, según lo que cree correcto, a veces, mediante una prueba tipo “ensayo y error”, otras, según la fe; o bien, por el motivo expuesto, la experiencia misma. Por lo visto, para comprender a un ser humano, no podemos hacerlo desde nuestra perspectiva, sino que desde la del mismo ser, pensar esa comprensión como una generatriz de la acción, es internarnos en el mundo del hombre, para este caso, del escritor.

Teniendo el fundamento base de cualquier tipo de comprensión, es posible revisar la temática del texto en su desarrollo histórico. Desearía iniciar siguiendo la matriz histórica; pero, considero que se comprenderá aún mejor al Realismo si antes pasamos por el Naturalismo. Si bien el refrán “de tal palo, tal astilla” se haya presente aquí, es necesario hacer notar la diferencia más importante entre estos dos mundos, que es el determinismo y la ciencia presentes, y fuertemente arraigada, al estilo Naturalista. Además, la predestinación se hace notar en los textos, siendo generada por las vivencias biológicas de la persona. Y, ¿a qué me refiero con las vivencias biológicas de la persona? Nuevamente me es necesario recurrir a la comparación para explicar el término, sin embargo, ahora será más simple. Recordando la forma de conocer de la persona, definida anteriormente, llegamos al punto de la experiencia y la forma de actuar según la experiencia poseída, esa experiencia y su repercusión en el organismo biológico es lo denominado vivencia biológica. Y, ¿a qué se debe este entrometimiento de la biología en este texto? Pues, a la correlación entre la experiencia y el cambio de pensar, motivador del cambio de estilo.

He divagado por asuntos que, relativamente debido al tema, no son de mi incumbencia, pero prefiero haberlo hecho, para plantear así la duda inevitable a cada suceso creador del “cambio de ver las cosas”.

Haciendo referencia al párrafo antecesor al anterior, es la vivencia biológica la que aparece por el libre albedrío de la persona, la cual, pese a su determinación científica planteada por el naturalismo, puede elegir sin por ello afectar las consecuencias, o bien, no puede elegir simplemente. Y aquí surge una diferencia importante, que genera una deducción en el avance de la ciencia, la cual es que en el tiempo predecesor al Naturalismo, es decir, el Realismo, el ser humano podía ejercer el libre albedrío, y un ejemplo clarificador respecto de esta opción del Realismo lo plantea la lectura del “pobre feo” de Eduardo Barrios, donde prima el comportamiento humano conjuntamente con la posibilidad de la muchacha por lograr el corazón del joven ciego. Relacionando con el Naturalismo, es exactamente esa libertas la que se pierde, el hombre es controlado por sus instintos y emociones, además de una plan biológico que determina otra parte de nuestra existencia; y el ejemplo está aquí, en “El Castigo” de Máximo Gorka, la lectura de este libro muestra al ser humano como presa de sus emociones e instintos bajos, en donde la falta de moral es plausible íntegramente por el lector, y he aquí, otra característica del Naturalismo… Y bien, ¿cuál fue el predecesor de estos dos? El romanticismo sin lugar a dudas, y este, debo decirlo, fue un estilo, desde mi perspectiva, que trascendió en el espíritu del hombre hasta lograr encontrar la pasión por el arte y la expresión, solo el romanticismo dejó la mano del artista bajo la guía del espíritu en complemento con el corazón… De estos parámetros surgió la llamada contracorriente, que comprendía al Naturalismo y al Realismo, y después de estos vino el cuestionamiento fundamental del ser humano, producto del darse cuenta que la “marea” redobló su cauce al unir la cotidianidad humana junto con su determinismo biológico, entonces ¿qué creación literaria puede hacer frente a este ímpetu detractor del romanticismo anterior? Podemos plantear como respuesta el Modernismo, aquel que intenta revivir el arte en su puro estado de forma y melodía, aquel que intenta hacer cantar a las palabras, esto, para tratar de dar vida y sentimiento al motivo a transmitir; desgraciadamente, no podemos afirmar que el Modernismo haya sido una especie de renovación del romanticismo, quizás si lo intentó; pero, yo planteo que no lo logró. Solo puedo argüir que trató de hacerlo, como bien acabo de mencionar, mas la expresión del modernismo no alcanzo a desprender esta frivolidad de su estilo predecesor, como si se hubiese quedado, una parte del Modernismo, inmerso en el Naturalismo.

Ante todo, el Modernismo abarcó mundo existentes en los ambiente de refinada bohemia, haciendo frente de esta forma a la teoría de la importancia entregada a la cotidianidad de la vida. Al modernista le gusta la historia, en “Sonatina” de Rubén Darío tenemos un ejemplo significativo, es la princesa un personaje de los tiempos medievales, y no de los de la época; tomando en cuenta que es carácter del Modernismo tener cierto desdén por la realidad de la época coetánea, entonces es un buen ejemplo a tomar. Además de los paisajes exóticos del poema que son otro símbolo indudable del sentir Modernista.

Y la historia continúa transcurriendo, es de esperar que el punto máximo de la cultura literaria no haya sido alcanzado aún, para así poder seguir disfrutando de la evolución de la novela y la poesía, sin preocuparnos de si la cúspide estará cerca; o bien, tal vez hemos iniciado el proceso de caída, en donde la decadencia de la cultura en general será acompañada de un mundo en donde los hombres ya no podrán ser considerados hombre, habrán perdido el talento, y por consiguiente, su naturaleza divina, su espíritu.