viernes, 29 de enero de 2010

Ponencia para la venida de Morris Berman a Chile - Enero 2009

Revisando la Trilogía sobre la evolución de la Conciencia



Para esta compleja y fascinante obra se hace necesario tener un punto de partida simple, sobre el que se pueda iniciar la compresión y aprehensión de la misma, en vista de una revisión personal de aquellas ideas que se pretendían transmitir. Estando la obra trilogizada y al ser de gran extensión, aquella tarea se hace aún más compleja, puesto que involucra reducir y cercenar contenido valioso e importante, ya sean ejemplos de las ideas discutidas, o nuevas ideas, o bien, distintos giros interpretativos de estas ideas. Por ello mismo, luego de revisar los planteamientos de Mauricio Berman y siendo mi objetivo dárselos a conocer someramente, me he decidido iniciar por la dicotomía del Sí Mismo/Otro, tomándolo como base al ser un tema transversal a la obra de Mauricio en particular, y de la gran mayoría de los saberes humanos en general: en el primer volumen se realiza una revisión del paradigma científico y se muestra la oposición entre el Sí Mismo y el Otro, como intrínseca al mismo paradigma en cuestión; el segundo volumen introduce esta dicotomía siguiendo a Winnicott y a Lacan con sus respectivos estudios de las relaciones objetales aplicadas primordialmente a niños, prosiguiendo con una revisión in extenso desde los intentos de revitalizar el cristianismo con la corriente gnóstica, pasando por los cátaros, la magia y su posterior evolución en la ciencia, el movimiento nacionalsocialista alemán y finalizando con la revisión de la adicción a los paradigmas y a las posibilidades que nos entrega la creatividad; por último, el tercer volumen explora las formas de vida en el paleolítico en contraste con el neolítico, revisando las formas de organización vertical y horizontal y finalizando con un potente mensaje que nos invita a sumergirnos en la paradoja de la vida y a vivirla sin aferrarnos a ideologías vanas, buscando la seguridad ontológica en nuestro propio cuerpo. Considerando lo dicho anteriormente como un mapa, comenzaré por presentar la dicotomía Sí Mismo/Otro expresada en el “Reencantamiento del Mundo”.

El paradigma científico tiene sus cimientos en dos grandes hombres: Descartes y Bacon. El primero, representante del racionalismo; el segundo, del empirismo. Usualmente se advierte una oposición muy fuerte entre estos dos conceptos, pues, mientras que el primero pretende obtener el conocimiento de la lógica, reduciendo cada cosa a la suma de sus partes, además de otorgar supremacía a la Mente por sobre el Cuerpo; el segundo se aboca a la búsqueda del conocimiento a través de la experiencia, forzando a la naturaleza con experimentos para que esta se revele al hombre y pueda así ser dominada y utilizada. Se observa claramente la oposición entre la Mente de Descartes y la Materia de Bacon, sin embargo, la historia ha puesto de manifiesto que ambos programas pueden aplicarse conjuntamente. Explicaré esta relación: Descartes tenía la necesidad de un método de pensamiento para aplicarlo, mecánica y rigurosamente, a cada fenómeno a estudiar, siendo este la parte teórica de un posterior método científico, que definía la visión del universo como una enorme máquina. Por su parte, Bacon decía “para conocer la naturaleza, trátala mecánicamente”, entonces tu mente también tendrá que comportarse en forma mecánica; también consideraba que el conocimiento de la naturaleza sólo surgía bajo condiciones artificiales (natura vexata). Por ello, mientras que Descartes se encargaba de la parte teórica del método de conocimiento humano, Bacon daba sustento material a la teoría de Descartes. Observaremos, entonces, como el “por qué” pierde importancia frente a un “como”: la mecanización de la mente y de la materia llevará al hombre a vivir en un mundo desencantado, muerto, mecánico, únicamente dispuesto para ser abordado y explotado por y para este, donde los motivos que impulsan a los hombres son de carácter funcional (la inexistencia de la ética en la ciencia tiene sus cimientos en esto, es irrelevante el “por qué” hago algo, sólo me interesa “cómo” hacerlo… de hecho, gran parte de nuestras respuestas obedecen al “como” antes que al “por qué”, veremos a los conceptos “bien” y “mal” reemplazados por respuestas funcionales como: me es útil hacer esto, me servirá realizar esta tarea, etc.). Esto representará un quiebre con respecto al pensamiento griego, que era contemplativo, pues la ciencia moderna será dinámica. El asunto de ahora es hacer, no ser. Acarreará entre sus consecuencias la igualdad entre Verdad y Utilidad, la identificación de conocer con controlar, entre otras. También se verá afectado el inconsciente, siendo deslegitimado y extirpado de aquello llamado “conocimiento”. A raíz de lo anterior mencionará Mauricio, la rapidez con que la conciencia moderna ha destruido la psiquis humana, fragmentándola y descorporeizándola. Ciertamente que los avances en tecnología han sido muchos, sin embargo, el costo de todo esto es aún mayor. La represión y deslegitimación del Otro como un ser al cual se lo puede conocer dominándolo y alejándose de él tiene consecuencias en esferas cercanas a nuestra vida, por ejemplo, en las relaciones amorosas. Zygmunt Bauman en “Amor líquido” las pone de manifiesto, no existe tal interés en comprender al Otro ni en comprometerse con él, menos aún de hacer el esfuerzo de reducir nuestro Ego para que el Otro pueda expresarse en su integridad e individualidad: en un mundo desencantado donde imperan las jerarquías verticales y la ciencia sin cuerpo, conceptos como “amor” simplemente no tienen sentido. Dicho de otra forma: aquello que realmente es real desde el siglo XVIII hasta el nuestro es lo abstracto, es decir, átomos, gravedad, el momentum y la masa inercial… aquello que sentimos no existe.

Y pese a lo anterior, es curiosa la aceptación total que se da a la ciencia como la Verdad que explica todo o que tendrá que explicarlo todo, siendo que la ciencia adquirió su poder explicativo sólo dentro de un contexto que era congruente con esas explicaciones y hechos (en este caso, la existencia de la Revolución Comercial, fue útil y requirió del potencial manipulador de la ciencia para con el mundo material, no olvidemos que no fue únicamente el “por qué” el reemplazado por el “cómo”, sino también la “calidad” por la “cantidad”). Por esta razón, será necesario considerar a la ciencia como un sistema de pensamiento adecuado a una cierta época histórica, tendremos que intentar separarnos de la impresión corriente de que es una verdad absoluta, transcultural; el quiebre que con estos pensamientos introducirá Berman será terminante, deberemos aceptar que la visión científica de un mundo desencantado es nuestra, y que no podemos pretender imponerla a otras culturas. Para la cultura Mapuche, por ejemplo: la tierra está viva y hay que cuidarla y convivir con ella; no podemos pretender la superioridad de nuestra cosmovisión sólo porque posea un mayor poder manipulativo; no podemos hablar, otro ejemplo, de la inoperancia de la ciencia Aristotélica para con el mundo en contraste con la ciencia moderna, pues, demás está decir que el objetivo de ambas era muy distinto, conjuntamente con las diferentes formas de vivir y sentir la vida.

Ahora bien, pese a que el quiebre definitivo se produjo con la ciencia moderna, la dicotomía Sí mismo/Otro tuvo su origen mucho antes y, por cierto, es transversal a toda nuestra cultura: Podemos retroceder lo suficiente como para encontrarnos con Sócrates diciendo: “conócete a ti mismo” como un tipo de conocimiento deliberadamente no sensual, en oposición a la tradición poética griega que sí era sensual. También podemos ver la dicotomía en el cristianismo, pues en sí, este es un paradigma religioso, un –ismo al cual aferrarse. En Cuerpo y Espíritu ahondaremos más en la dicotomía, mencionando la existencia de un espacio vacío entre el Sí Mismo y el Otro. Dirá Pascal en los tiempos de la ascensión de la ciencia: “los silencios de los espacios infinitos me aterrorizan”, pues ahora “existen” átomo, la materia es discontinua y yo no soy nada. De este vacío institucionalizado y exacerbado por la ciencia, que yace en el corazón del paradigma cartesiano; de aquella dualidad esquizoide de la percepción del cuerpo como otro; de este Miedo al Vacío y de nuestra descorporeización, surgirá la necesidad de buscar soluciones, y aquellas serán aferrarnos a los –ismos, esto que Berman llamará la “adicción al paradigma”. El simple hecho de buscar soluciones nos indica que se esta en presencia de un problema, y parece ser que desde pequeños buscamos llenar ese vacío, el miedo al nemo, a ser nadie. Y es ese “nemo” aquello que sentimos en el silencio, cuando experimentamos nuestro cuerpo en su integridad: por ello el mundo de la actualidad es ruidoso y tiene miles de tareas que hacer, pues es menester mantenernos ocupados, no vaya a ser que veamos las contradicciones de nuestra existencia… Dice Berman respecto de esto: La vida y la personalidad humana son inherentemente desquiciadas, multifacéticas; la neurosis es la incapacidad de aceptar este hecho.

Encontraremos, entonces, esta brecha entre el Sí mismo y el Otro como algo enraizado en nuestra cultura occidental. La ciencia no será nada más que un nuevo paradigma que intentará llenar, sin lograrlo, aquella brecha. De la misma forma que alguna vez lo fue la religión o cualquier ortodoxia que se haya impuesto como poseedora de la verdad durante algún período. La herejía de la experiencia extática de ascensión, pese a ser revitalizadora también posee un carácter adictivo. Berman recorrerá en Cuerpo y Espíritu las herejías de ascensión, mas todas ellas se revelarán como parteras de paradigmas que se autoproclaman como “nuevos y mejores”, como aquellos únicos poseedores de la “verdad”. De la misma forma que durante la opresión del Imperio Romano surgió el cristianismo (y tuvo suerte), durante la Edad Media la revitalización provino de los magos, aquellos que si realizaban experiencias místicas de ascensión, y de la magia a la ciencia hay muy pocos pasos. De hecho, consiste en eliminar las cualidades de equilibrio y el sustento somático que tiene la magia y extraer de ella únicamente sus aspectos manipuladores y ¡voilá! Nace la ciencia. Si su nacimiento es causa de la brecha Sí Mismo y Otro, el proceso es generalmente el mismo: 1. Se utiliza una introvisión oculta o somática para desalojar un sistema antiguo (Escolástica v/s Ciencia); 2. Reaccionar temerosamente a la misma arma que hizo posible el cambio, desechándola y erigiendo en su lugar un nuevo sistema (rígido)… paradojalmente, este nuevo sistema depende para su existencia de la misma introvisión mística ahora rechazada… ¿Perciben lo patológica y asustadiza que es ésta reacción? En resumidas cuentas, el tránsito de una época de fe a una época de la razón jamás ocurrió, simplemente fue de una edad de una fe, a otra edad de otra fe, y escondida entre aquellos sistemas, la herejía… cierto, la herejía, esa Otra Voz del Tercer Volumen, la alternativa nunca escuchada… La herejía es herejía porque aboga por una experiencia somática directa, sin intermediarios. La ascensión confiscada por la ciencia produce rascacielos cada vez más altos, viajes al espacio (con seguro de vida incluido), es decir, una experiencia de ascensión hacia Dios con seguridad, con intermediarios, sin riesgos: “Nosotros lo haremos por ti”, dice la ortodoxia; mientras que la herejía dirá “puedes hacerlo tú mismo”.

Y ello nos lleva a mirar la actualidad. Pareciera ser que se avecina un nuevo cambio de paradigma, del paradigma cartesiano al paradigma holístico. Querámoslo o no, es un –ismo (holismo) y el salto que se produce es igual al realizado con antelación entre religión y ciencia analítica. Poseeremos una enriquecedora visión sistémica de la vida, el bien triunfará sobre el mal y la ciencia analítica y atomística perecerá, mas no seamos ingenuos, si vemos el meollo del asunto nuevamente estaremos haciéndole el quite a la vida misma, cambiándola por un paradigma que configurará nuestra visión de la vida. Quizás existan cambios esperanzadores, pero taparemos unos hoyos para que se abran otros más (el barco está sobrepoblado, igual que nuestra querida Tierra), pues continuamos pretendiendo que un sistema puede explicar todos los fenómenos, que en un solo paradigma hallamos la verdad. Sin embargo, la única verdad reside en aprender a liberarnos de la insana pasión por la verdad, como citará Berman en su texto. Pero si el místico buscando la verdad o a Dios busca ascender, entonces la herejía final será cruzar o incluso descender, no por nada dicen que “el arte más elevado es el arte de vivir una vida ordinaria de manera extraordinaria”.

Como hemos visto, la falta básica entre el Sí Mismo y el Otro constituye gran parte de la historia de la humanidad: los mitos y leyendas que oponen al bien contra el mal, el héroe que busca separarse de la unidad, el cíclope cegado, el tercer ojo, el ojo de la intuición, eliminado, etc. Pero aún nos falta mencionar a un ser, un ser que la sociedad asocia a la locura, que por sus características pasan a la historia: hablo del artista. Berman divide la creatividad en 3 tipos: la primera hace alusión a la inhibición total del proceso creativo, represión sobre el niño anula su curiosidad; la segunda engloba a la gran mayoría de nuestros artistas de occidente, corresponde al artista neurótico, no espontáneo, compulsivo, que se esfuerza en realizar el proceso creador, que se casa con su obra y que le estampa su nombre, busca hacerse presente, sufre erupciones desde el inconsciente, busca romper con la tradición (asesinar al padre) y todo esto a un muy alto costo psíquico; la tercera categoría está casi desierta, salvo por los niños que pueden interesarse mucho en su trabajo, pero que no le ponen su nombre a la obra, ni siquiera están concientes de lo que hacen en un plano racional, pero les agrada, y lo realizan libremente, sin aquella conducta neurótica, siendo este el arte espontáneo. El artista, entonces, será visto como un loco, pues experimentará la brecha del Sí Mismo/Otro y tendrá en sus manos la posibilidad de crear una obra que constituya un proceso sanador temporal, de la misma forma que una relación amorosa corta: se iniciará por la acometida romántica, la declinación, los celos y la posesividad (la firma de la obra) y la desilusión (mala crítica). Este ciclo solo llevará a buscar una nueva pareja (nueva obra) que sea mejor que la anterior (requerimiento de que el artista se “supere” en cada trabajo). El problema de esta forma de creatividad es la destructividad hacia la que conduce, generalmente termina con la mejor obra del artista antes del suicidio, pues para que la obra sea crecientemente bella, el artista tiene que generar cada vez mayores divisiones o encuentros con el Vacío de los cuales recuperarse (Para Van Gogh, y para muchos otros, la depresión aguda es casi bienvenida, un manantial de drama y energía creativos). Como dice Berman, es un campo lleno de cadáveres psíquicos… y también reales. La alternativa a este camino destructivo la hallaremos en Oriente, en donde podemos encontrar ejemplos de la tercera configuración, en donde luego de solucionar el problema, se crea la obra: el artista crea desde lo que tiene y no desde lo que carece y ansía conseguir, tampoco lo hace para sanarse, pues el proceso ya sucedió, de ahí que este ausente la tensión en la obra de la tercera configuración, y de que usualmente esta verse sobre la naturaleza antes que sobre temas o problemas humanos. Al realizarse la obra luego de la sanación, la creación se considerará terminada.

¡Y todo esto por intentar cerrar una espacio Vacío! Nuestro miedo y nuestro desapego del cuerpo confluyen en nuestra necesidad adictiva a la generación de paradigmas. La propuesta de Berman es potente y simple. Dirá Berman: “… la solución, si la hay, es mucho más modesta: consiste en la capacidad de vivir la paradoja y avanzar desde ahí, sin ninguna expectativa utópica” Sin que nuestras ideas se transformen en ideales o ideologías: “el problema no consiste en que algunas ideas no sean válidas, sino en que las culturas sedentarias y con gran densidad demográfica tienden a convertir estas ideas en fetiches y en explicaciones totales”. Nuestro gran problema es que, en vez de que la vida nos baste, tenemos que merecerla; y para ello, tenemos que hacer, no ser. La adicción a los paradigmas solo revela las ansias de inmortalidad del hombre, como una negación del cuerpo y de la muerte. Como dirá Deleuze “nuestra tarea es enseñarle al alma a vivir su vida y no a salvarla”, curiosamente para Berman “el alma es lo que el cuerpo hace”.

Según vemos, la única posible y verdadera alternativa consiste en el abandono del paradigma, pues nuevas ideas traerán nuevos problemas, y nuevamente empezaremos a buscar otros más. El pensamiento de Berman es claro y directo: “reconocer que no necesitamos una drástica transformación de la realidad y la cultura, sino tan sólo el deseo de vivir en esa cultura y realidad, y al mismo tiempo hacerlo posible por encontrar soluciones inteligentes –sin superlativos ni aspavientos- a los problemas actuales, y dejar que el futuro se ocupe de sí mismo. Porque cuando llegue el futuro traerá sus propios problemas, y ese será el momento de lidiar con ellos”. A fin de cuentas, la magia de la vida está en vivirla, en hacer según nuestro ser; quizás en algún momento comprendamos la paradoja de nuestra vida y dejemos de buscar paradigmas; cuando veamos directamente a la paradoja y observemos que ese cúmulo de contradicciones es un mar de posibilidades miraremos a nuestro lado, hacia el Otro, y podremos vivir de verdad, comprendiendo que siempre estuvimos en el lugar indicado o como T.S. Elliot nos dijo:

“No cesaremos de explorar,

Y el final de toda nuestra exploración,

Será llegar donde comenzamos

Y conocer el lugar por primera vez”

Muchas gracias.

¿El bastión infranqueable? Ateísmo

¿El bastión infranqueable?

Abstrac:

El presente trabajo analiza la relación entre lo racional y lo sensitivo de la creencia religiosa. Mediante una formulación conceptual que atañe a la idea de duda directa y duda directa, se plantea una explicación a la forma de aprehensión de la creencia, al mismo tiempo que se explica el motivo o impulso que permite desligarse de ésta. La importancia de toda esta cuestión es si se puede ingresar al bastión de la fe que posee el teísta para llevarlo al estudio racional. Ello, debido a la importancia que tiene el teísta en las decisiones éticas y políticas de nuestra sociedad.



  1. Introducción.

¿Por qué debe ser importante para un ateo enfrentarse a un teísta? El enfrentamiento entre uno y otro pareciera no tener sentido en sí mismo y, de hecho, muchas palabras se perderían si así lo fuese. Este enfrentamiento es un medio, realizado en vistas de un algo más que la misma discusión. Un ateo no pretende destruir la creencia del teísta por el simple motivo de un amor al prójimo que intenta liberarlo de sus ataduras creyentes. De ser este el caso, se caería, por parte del ateo, en una dictadura de la sensación, además de una enorme falta de empatía al considerar que el teísta se encuentra “atado” a su creencia. La creencia entrega mayor seguridad. Sin lugar a dudas que es mucho más confortable, al hallarse frente al peligro inminente, recurrir a un ser todopoderoso que, dada su omnipotencia, podrá rescatarnos, o bien, darnos un impulso de energía para salir airosos ante el combate… No, no creo que sea el amor al prójimo lo que motiva, generalmente, al ateo. Pueden darse casos en que la aflicción de un creyente es tal que, por compasión, puede discutírsele la fe; pero estos casos, creo, constituyen más excepciones que quehaceres regulares.

La pregunta sigue abierta aún. En qué radica esta importancia. Qué es lo que nos mueve al debate y a la discusión. Es muy probable que sea algo íntimo, y en ese sentido, un ateo no es distinto de un teísta. Tanto uno como otro defienden lo que creen, ya sea que “Dios existe” o que “no existe dios”; sin embargo, son impulsados a enfrentarse no por sus efectos interiores, no por querer que el otro sienta el “calor divino”, o que se fije en la importancia trascendente de “la razón” para el actuar del hombre. Sino que su enfrentamiento deviene exclusivamente de los efectos exteriores, tanto éticos como políticos, que producen sus creencias, las que, en estos terrenos, chocan irremediablemente.



  1. El lugar resbaladizo y los lujos que ya no podemos darnos.

No existe tema más movedizo y, por ello más complejo, que el de la ética y la política. Ya lo hacía ver Aristóteles en el primer libro de la ética, cuando decía: “No debemos, en efecto, buscar la misma precisión en todos los conceptos, como no se busca tampoco en la fabricación de objetos artificiales. Lo bueno y lo justo, de cuya consideración se ocupa la ciencia política, ofrecen tanta diversidad y tanta incertidumbre que ha llegado a pensarse que sólo existen por convención y no por naturaleza”[1]

Nos hayamos entonces en un terreno que parece ser de convención social. Un lugar en donde las reglas no están definidas, por lo que continuamente deberemos enfrentar nuestras posturas y dirimir nuestras disputas con el paso al acto. Aquí yace el motivo que todo ateo debería tener presente al momento del debate. De hecho, se constituirá, a lo largo de este trabajo, como un requisito para ingresar al bastión de la fe del creyente.

El problema no será la creencia interior, sino la consecuencia exterior y política. No importa que crea cada uno, sino el poder que cada uno posee para llevar al acto sus ideas. Frente a esto, la postura de un ateo no puede ser laxa ni reposar en los lujos de la lógica, que en gran medida a sido empleada para explicitar las falacias que los grandes argumentos teístas poseen. Si bien, los librepensadores franceses del siglo XVI con su máxima: “Intus ut libet, foris ut moris est”[2] no tenían mayores posibilidades de hacer oír su voz, tampoco tenían un interés muy grande ello, motivado quizás por la inexistencia de posibilidades anteriormente aducida. Este tipo de proto-ateo no podía enfrentarse en ningún terreno al teísta, quien se había vuelto tan omnipotente como su Dios en asuntos éticos y políticos.

Ahora bien, si los librepensadores, producto de su desesperanza, formularon la anterior máxima; la actual situación de un ateo en las existentes democracias que pregonan la importancia de la voz y el voto para todos, debería traer como resultado una máxima que diga algo así como: ¡Hazte oír!

Si temas importantes son revisados y vueltos a revisar en asuntos de ética y política, es necesario e indispensable que la postura atea se halle presente. Por ejemplo en los temas sobre el “matrimonio homosexual”, en donde uno de los primeros argumentos que saltan a la vista son citas bíblicas del Deuteronomio, que condena como abominación al acto sexual homoerótico y que, casi en estricto rigor, son las que mueven a los teístas a investigar sobre el tema y a intentar generar una base transversal que apoye su propuesta. En el caso del “matrimonio homosexual”, el teísta no se mueve por consideraciones biológicas, reproductivas o familiares solamente. Y, aunque hallemos que esos son sus principales argumentos, a la base de estos, casi como un paradigma mediante el cual se configura su mundo, se halla la creencia en Dios y la cita bíblica: allí se esta legalizando una abominación.

Ahora bien, independiente de que el tema agrade o no al ateo, este tiene la obligación de sacar a la luz el verdadero sentimiento que motiva la acción del teísta: su creencia. Digo obligación, porque su voz puede hacerse oír, con dificultad aún, quizás con temor a represalias igualmente; pero puede oírse, puede leerse y no es necesaria la sombra y el lenguaje secreto para transmitir el mensaje, no es necesario decir: “es preciso dejar adivinar al lector al menos la mitad de aquello que se quiera decir, sin temor a no ser comprendido. Con frecuencia la maldad del lector va incluso más lejos que la nuestra: hay que confiar en ella, es lo más seguro”[3]. Pese a lo divertida que puede resultar la frase anterior, su necesidad pende del hilo de las tinieblas. ¿Por qué debe adivinar el lector? Porque, como anteriormente señala el texto citado: “comprendieron también que, a partir de allí, la única alternativa al silencio podía ser una escritura “cifrada”, con guiños y meandros que sólo los semejantes pudieran reconocer y completar en su más profundo significado”[4]. El ateo no puede darse el “lujo” de quedarse de brazos cruzados. En estos tiempos se puede hablar, y es menester defender la propia posición, sino ¿quién lo hará?



  1. La creencia teísta: ¿un bastión infranqueable?

Luego del preludio anterior, pasemos revista al asunto que nos compete más directamente. ¿Es la fe un bastión infranqueable? Según parece, lo es. Esto, en el sentido de que las razones lógicas y las discusiones no logran calar hondo en la última muralla defensiva del teísta: su fe. Es más, parece ser, además de ser casi un mandato bíblico, que el cuestionamiento duro de la creencia concluye fomentando el arraigo del creyente hacia esta. Para poner término a una discusión, basta que el creyente aluda a que es “cuestión de fe”, para que las palabras sobren y el debate se torne una mera pérdida de saliva, además de un gasto mental innecesario condenado, de antemano, al fracaso.

Entonces, ¿cómo podemos aproximarnos a este bastión e impedir al teísta emplear su “es cuestión de creer”? ¿Podemos producir una situación tal que el acto de aludir a la fe por parte del teísta, se vuelva una situación irrisoria y que, antes de resguardarlo, lo expulse de un campo de acción aún no resuelto? La respuesta se vislumbra ya, siendo un rotundo sí. Existe un campo movedizo que constantemente debe ser defendido por unos y por otros. Antes quizás no lo era así (pensando sobre todo en la edad media), sin embargo, en la actualidad, frente a cualquier debate o discusión ética sobre qué debemos o no hacer, la alusión a una “cuestión de fe” termina por excluir automáticamente a un creyente. De hecho, es tan movedizo el suelo de la ética, que la referencia a la fe se omite completamente. Se puede otear en el tejido que sustenta el acto del teísta y hallar a la fe, pero el teísta nunca la sacará a relucir como un verdadero argumento de peso, y menos aún podrá dar término a una discusión con este recurso.

En una discusión de dos, el aludir a la fe puede sortearse, pero con mayor dificultad, si se alude, igualmente, a la necesidad del acto. La propuesta de un teísta diciendo que tal o cual acto no debe realizarse porque “Dios lo quiere así”, que no es más que otra reformulación de la “cuestión de la fe” es muy pobre, y salta a la vista para cualquier oyente perspicaz el hecho de que el debate racional pretende ser llevado a un juego de emociones, en donde tanto una postura como la otra se volverán válidas. Este último recurso teísta podríamos llamarlo empate. Y con esto quiero decir que el teísta asumirá el no poder sobreponer su voluntad al ateo, debiendo doblegar la propia, aunque intentando, a la par, salvar y resguardar la voluntad de Dios para una discusión posterior. Para evadir este recurso, nuevamente el llamamiento al acto se vuelve importante, puesto que es allí donde se resuelve la cuestión: debe o no hacerse, es bueno o no, etc.

El bastión infranqueable ya no lo parece tanto. Si bien, existe dentro de la torre del creyente una pieza de seguridad, a la cual no se puede entrar, nada nos impide aporrear la puerta. Sin embargo, las cualidades que posee esta pieza es que protege la creencia alejándola del acto. En este caso, un teísta en una pieza de seguridad no produce en un ateo mayor obstáculo, pues ya se ha renunciado a la defensa discutida y al paso al acto de la resolución. Y, dado el hecho de que el interés ateísta debiese girar en torno a la política y a la ética como alrededor de resoluciones factuales que de las primeras dos pudieren derivarse, el teísta sin poder no es una amenaza… aunque tampoco es motivo para el descuido.

Es más, llegado a este punto, la situación de los librepensadores del siglo XVI será similar a la que experimentará un teísta en su pieza de seguridad.

Ahora bien, hemos reconocido la existencia de un lugar de difícil acceso, como era el bastión infranqueable de la creencia; y propusimos la necesidad del habla y del debate como condición de posibilidad de la pérdida de la cualidad de infranqueable por parte del bastión. Igualmente, se ha planteado la existencia de un lugar completamente impenetrable para un ateo, la llamada pieza de seguridad. Plantearemos ahora un posible camino para vulnerar la seguridad de esta pieza, a la par que sentaremos las bases de una explicación probable al hecho de la des-conversión.



  1. El cuerpo y la mente: el concepto de duda y su relación con la razón.

Pese a nuestra dicotomización moderna que distingue como ajenos al cuerpo y a la mente, separación que inaugura explícitamente Descartes, al sentar su cuerpo y, dejándole de lado, buscar verdades con su mente; la realidad es que somos una amalgama de ellos. Igualmente nuestro espíritu o vida psíquica forma parte de nuestro ser. Podemos acercarnos con mucha cautela a estas palabras, tan unidas a la teología medieval, pero en el fondo sabemos que hay algo íntimo que se mueve, que trasciende cualquier confiscación teológica que haya podido operar sobre estos conceptos en la ligación con dios. En última instancia, si no lo creemos así, por lo menos el sujeto de estudio de este trabajo muy probablemente si lo crea.

Cualquier creencia que el ser humano tenga sobre el mundo siempre irá acompañada de un sustento somático (corpóreo). Se dirá de ella que se ha incorporado (in-corpore) y que se siente la agitación de la pasión cuando esta creencia o idea es problematizada, discutida o desechada.

Ello sucede de igual manera para el teísta y para el ateo con cuerpo y mente. Su idea básica se instala en el cuerpo. En última instancia, ese bastión infranqueable es la amalgama entre cuerpo, mente y espíritu humano, es la esencia del hombre que ve atacada su representación del mundo, al debatírsele la idea.

Por esto, todo argumento racional está condenado al fracaso, como se mencionaba en el inicio. Sin embargo, surge una duda de esto: ¿por qué el teísmo cristiano se ha preocupado tanto de dar una base racional a su creencia? La respuesta puede ir por el lado del poder. Y también por el lado de la ética pues, como decíamos al inicio, para ingresar a una discusión ética hay que debatir racionalmente, sin recurrir a la cuestión de la fe, sobretodo si nos situamos en el contexto del surgimiento del teísmo cristiano en el imperio romano.

Por lo tanto, parece ser que la razón si juega un papel en la creencia, no un papel que la desbanque, sino que la resguarde de argumentos que pretendan derribarla. En este sentido, la razón será un enemigo tanto de la conversión como de la des-conversión: La aprehensión o el dejar ir una idea-creencia sólo se realizará plenamente sin la razón de por medio. Con ello no quiero negar la importancia del reflexionar y pensar, sino sólo señalo que el acto mismo de la aprehensión y de des-conversión acaece en el cuerpo, siendo, o bien, producto de un hecho traumático, o bien, de un hábito producido en la infancia con historias que conmovían al sentir corporal. Tanto en el primero como en el segundo ejemplo no se pierde de vista la amalgama cuerpo-mente; únicamente se presenta a la mente como mediadora que, humildemente, debe retirarse al momento mismo del pasar al acto la conversión o des-conversión.

Luego del acto, la razón explicará lógicamente lo que sentimos, pero sin moverlo ni cambiarlo. La razón[5] duda de todo, de ahí su necesidad de explicar.

Ahora bien, podemos distinguir dos tipos de duda, y es aquí cuando empezamos a hilar fino, para aproximarnos a un planteamiento que desbanque la creencia teísta. La primera la llamaremos duda indirecta y entenderemos por ella que se emplea en la racionalización, entregando coherencia para responder y auto-validarse uno mismo en el lenguaje; además, se empleará para el acto de debatir, puesto que se presentará la creencia del cuerpo racionalizadamente. Un ejemplo de racionalización son las pruebas de la existencia de Dios, que poco después analizaremos. El segundo tipo de duda lo llamaré duda directa y entenderé por ella que es empleada para desbancar ideas, se empleará para el acto de discutir.

La duda indirecta se relaciona con la idea mente-cuerpo sobreponiendo el cuerpo a la mente, es decir, la mente se halla subordinada al cuerpo, de ahí el acto de racionalizar sentimientos, ideas o creencias que, como antes decíamos, se alojaban con propiedad en el cuerpo primeramente. La duda directa, por otra parte, conllevará la unión entre el cuerpo y la mente, un ejemplo de ello es una discusión aireada, en donde lo que siente el cuerpo es transformado de forma inmediata por la mente en un discurso coherente que no pretende sólo justificarse, sino que desbancar a la idea opuesta: la colaboración entre mente y cuerpo devendrá absoluta.

La pregunta que surge a continuación es: ¿cuál será la utilidad de toda esta conceptualización?

La respuesta conlleva el empleo de la misma y se responde con dos preguntas:

  1. ¿Cómo trocar la duda indirecta de la creencia en una duda directa que se auto-cuestione?
  2. ¿Es factible que una idea-fuerza golpee como un acto y desbanque a una idea-creencia?

Wittgenstein expresó su parecer sobre la imposibilidad de convencer racionalmente a un creyente de que su creencia era errada. De igual forma lo hizo Plantinga, monje y teólogo, que postuló la existencia de ideas básicas que no requerían de un fundamento más allá de ellas mismas. Ambos hacían referencia al bastión infranqueable, uno apelaba a los límites de la razón para con el sentir corpóreo, el otro se remitía a salvaguardar la fe en lo abstracto. Respecto del segundo mencionamos una forma de proceder para hacer frente a esta idea básica: confrontarla con el acto. Sobre el primero, emplearemos y probaremos la funcionalidad de todo el armazón teórico esbozado en los párrafos anteriores; a la par que intentaremos dar respuesta a los dos preguntas precedentes.



  1. Ingresando al bastión de la fe.

Como mencionábamos, Wittgenstein dudaba de la posibilidad de una des-conversión racional. Sin embargo, no debemos mirar tan en menos a la razón y a la mente, sobre todo si consideramos la amalgama anteriormente mencionada.

Ahora bien, revisemos un argumento de aquellos que pretenden demostrar la existencia de Dios: el argumento ontológico.

El argumento es el que planteó San Anselmo: “Dios es aquello lo cual nada mayor puede ser pensado” Luego, si es lo máximo pensable, debe estar también en la realidad empírica.[6] El desarrollo del argumento en sí, se puede seguir de la lectura indicada a pie de página; lo que a continuación señalaré, son los motivos por lo que este argumento es defectuoso.

Primero que todo, la definición del argumento. No es necesaria y, como todo concepto del lenguaje, el concepto de Dios no escapa a la equivocidad. Segundo, no por ser lo máximo pensable ha de existir en la realidad, podría señalarse la necesidad de ser lo máximo existente, quizás, pero este no es el caso, pues es lo que se pretende demostrar. Tercero, el salto ontológico del pensamiento a la realidad no posee justificación alguna. Cuarto, si bien hay coherencia lógica, esto no se sigue para la posibilidad de una necesidad empírica.

El argumento tiene errores. Es una racionalización de una creencia, por lo tanto, es producto de una duda indirecta. Las críticas, por otra parte, devienen de una duda directa. El argumento de la existencia de Dios no pretende convertir a nadie, sino sólo la auto-validación frente a la incansable duda que posee la razón ante el mundo. Para aquietar esa duda y poder deleitarse en la creencia deviene esta racionalización. Por lo tanto, no es menester del monje desbancar la idea, sino defenderla y entregarla como primera muralla de defensa del terreno de la creencia propia.

En el sentido anteriormente esbozado, Wittgenstein tiene toda la razón. Sin embargo, si nos volvemos a las preguntas, podremos encontrar un pequeño resquicio que si otorgaría a la razón la facultad de des-convertir, o por lo menos de volverse contra su propia racionalización.

Con respecto a la primera pregunta, deberemos retornar al terreno de la ética. Aquel terreno movedizo debe ser tratado cuidadosamente, puesto que en esta situación, tanto el ateo como el teísta son susceptibles de ver violada la idea que propugnan. Vale decir también, que es en este mismo terreno donde se responde la segunda pregunta.

En el terreno de la ética, podemos trocar una tipo de duda en otra si cuestionamos sobre temas complejos como el aborto o la pena de muerte (siempre considerándolo como actos en potencia, cuya actualización pasa por la decisión del teísta) e instalamos esa discusión en seres cercanos al teísta. La pregunta entonces no sería: ¿Debemos permitir el aborto? Porque obtendríamos un rotundo no, con la consiguiente base de que Dios ama la vida y por lo tanto el hombre también debe hacerlo, etc. Sino que nuestra pregunta debería plantearse así: “Dado el caso de que tu hija de 15 años haya sido secuestrada y violada, con el consiguiente y desafortunado hecho de haber quedado embarazada… ¿le permitirías abortar? ¿Condenarías a muerte al desgraciado perpetrador? La pregunta es dura, adolece de crueldad, sin dudas, y por eso mismo remite al teísta a una doble postura de discusión y debate. En esta situación, ambas dudas de la razón, en un hombre honesto consigo mismo y capaz de sentir empatía en situaciones abstractas, son puestas en acto. La duda indirecta busca racionalizar una respuesta coherente a la creencia, mientras que la duda directa cuestiona a la creencia en base a un nuevo sentir corporal. La visceralidad de la sangre se torna contra sí misma, se revuelca en la duda absoluta… en este mismo momento el teísta ha salido de su bastión, ha abierto la puerta de su pieza de seguridad y nos ha invitado a entrar, todo esto desde el momento en que experimento el remezón del cuerpo frente a una situación concreta, potente y directa, a la vez que trágica y cruel; de tal forma que una exclamación como ¿Por qué Dios permite el mal? Cobra su sentido plenamente.

De esta forma se responde tanto la primera como la segunda pregunta. ¿Es posible trocar la duda? Sí, siempre que caminemos en un camino movedizo que tienda a confundir a sus transeúntes. ¿Es factible que una idea-fuerza golpee como un acto y desbanque a una idea-creencia? También lo es, aunque no sea tan fácil en la realidad como en el concepto.



  1. Conclusión

Los planteamientos de este trabajo pretendían responder, bordear y atacar el tema del “bastión infranqueable” por diversos puntos. El tratamiento no pretendió ser exhaustivo y no se halla ajeno a diversos errores o variadas ideas que pueden ser cuestionadas.

La construcción conceptual puede tener mucho sentido y coherencia para una generalidad, pero la vida misma es una particularidad. Los casos hipotéticos planteados en el texto tenían como finalidad aclarar los conceptos y no auguran ni presagian un resultado de des-conversión. Asimismo, no pretendían generar un manual de “des-conversión”, sino simplemente esbozar posibles fases que pueden darse en una discusión ateo-teísta, con las consiguientes recomendaciones sobre como impedir que el teísta se asentase en su bastión y, luego de haber invocado la “cuestión de la fe”, como si en la época medieval estuviésemos, nos arrojase flechas mientras esperamos, asediándole. El fin de este trabajo fue indicar la existencia de una puerta trasera en el bastión, que se ubicaría en el juego de la duda para, desde allí, avanzar hacia el teísta; juego de la duda que sólo podremos generar en un pantanoso terreno ético que, tal como el pantano, no poseerá fertilidad sin arduo trabajo y esfuerzo, cobrando la máxima atea “!Hazte oír!” un pleno sentido.



[1] Aristóteles, Ética Nicomaquea, Editorial Porrúa, Mexico (2007). Pag. 4

[2] Interiormente, actúa como te plaza; exteriormente, como se acostumbra.

[3] François de la Mothe Le vayer, Diálogos del escéptico, Ed. C.Plata-Ed Lite, Introducción al texto, Pag. 20

[4] Ibídem, Pag. 20

[5] En ciertos casos, razón y mente se vuelven homologables. De todas formas, el concepto de mente se comprende siempre en un sentido de amalgama con el concepto de cuerpo. Razón, por su parte, se comprende como la parte lógica que se relaciona como un aparte con el cuerpo.

[6] David Eller, Natural Atheism, American Atheist Press, New Jersey (2004) Pags. 28 - 31

domingo, 29 de julio de 2007

Matriz y Evolución del Poder y su clasificación

“Matriz y Evolución del Poder”

“Todo es dual, todo tiene polos; todo tiene su par de opuestos; semejante y desemejante son los mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se encuentran; todas las verdades no son sino medias verdades, todas las paradojas pueden ser reconciliadas”

El Kybalion

C

on ésta célebre frase extraída del Kybalion[1] empiezo mi reflexión sobre la naturaleza del poder. La dualidad de las cosas queda plasmada por la polaridad inherente al “todo”. Con todo esto quiero introducir al lector por un camino adecuado (bajo mi percepción y, obviamente, desde la cual expondré el tema); adecuado en el sentido de que ésta frase confiere a mis planteamientos un hilo conductor con función unificante, sirviendo a un doble propósito: lograr un compromiso, a nivel reflexivo, del lector con mi proposición; y, por otra parte, la de mantener mis planteamientos con la menor cantidad de desviaciones posibles.

La Matriz del Poder

La matriz del poder se da en el momento en que el ser humano inicia su interacción con el mundo del “Sí mismo”, y con el del “Otro”. Con “Sí mismo” hago referencia al plano del autoconcimiento; y con “Otro” aludo a la relación con otros seres humanos (no incluiré en esta reflexión las relaciones de poder con animales y plantas).

En el momento en que las interacciones humanas empiezan a aparecer, se encuentran enmarcadas en un contexto de sobrevivencia a las adversidades climáticas. En estos momentos no podemos decir que las relaciones de poder se desarrollen en sus plenas facultades; pero sí es necesario destacar la importancia de este fenómeno como el inicio de las relaciones sociales y de las relaciones de poder como un subordinado al contexto social. Luego, con la consiguiente evolución del hombre empiezan nuevos desarrollos tecnológicos ligados al avance intelectual que, a su vez, se haya correlacionado con el ámbito psicológico individual y colectivo del hombre, en una palabra: lo social.

Ahora bien, el tema de lo social nos conduce a dos dominios excluyentes, representados por las palabras libertad y poder. Y, haciendo alusión a un gran conocer del tema como es Michel Foucault, cito una frase de su ensayo “El sujeto y el Poder”: “…se incluye un elemento muy importante: la libertad. El poder sólo se ejerce sobre sujetos libres, y sólo en tanto ellos sean libres. Por eso entendemos sujetos individuales o colectivos que están enfrentados a un campo de posibilidades en el cual diversas formas de comportarse, diversas reacciones y comportamientos pueden ser realizados. Cuando los factores determinantes saturan la totalidad, no hay reracionamientos de poder…”. Aquí Foucault nos dice que el poder se ejerce en sujetos libres, lo cual es correcto sin lugar a dudas, sin embargo, al momento de ser ejercido el poder, el sujeto pierde su libertad en su amplio sentido quedando con unas posibilidades reducidas de acción. Aquí el concepto de poder necesitó como una precondición el factor libertad, para luego usurpar el lugar que ésta ocupa, entablándose una relación de dominio entre los personajes que equilibran la ecuación de acción-reacción.

Retomando el tema de lo social y de la matriz del poder, hay un claro ejemplo que denota la aparición de poder asociado a la previa existencia de libertad, este es el relato de William Golding “El Señor de las Moscas”. En ésta historia un grupo de niños, debido a la caída de un avión, quedan diseminados en una isla, incomunicados con el mundo adulto. Lo importante aquí es como los niños se organizan, estratificándose de una forma aterradora (debido a su corta edad) pero útil. En los inicios, los niños no sabían que estaban en una isla desierta, ni siquiera sabían de la existencia de otros niños, en estos momentos las relaciones sociales son nulas, al igual que las relaciones de poder; sin embargo, la libertad y todo lo que ella implica mantiene su imperio en la conciencia de los niños (aquí tenemos la condición necesario para el inicio de la relación de poder). Luego, los niños se van uniendo, conformando un solo grupo e iniciando la red de relaciones sociales; podemos hacer una analogía con la matriz, previamente expuesta, del poder; en donde la necesidad frente a las adversidades climáticas o alimenticias tiende a fortalecer los lazos de interacción social. Y es en ésta relación social en donde la estratificación cobra significado: los niños escogen un líder (Ver Analogía de la Inteligencia Individual y Colectiva, más adelante) para luego subdividirse, según las tareas a realizar, es decir, los cazadores y los recolectores, y los niños pequeños.

No es mi deseo contar la historia en su totalidad, sino que solo plantear los hechos más importantes que tengan relación con mi concepción de matriz del poder y la evolución de ésta conjuntamente con el fenómeno social. Ahora, debido a la evolución, se genera un árbol de relaciones y desarrollo; aquí es donde se generan las tipologías del poder.

Tipologías del Poder

El poder puede clasificarse de dos formas distintas que, a saber, son esenciales para comprender las relaciones de poder, sean: Las formas de expresión del Poder (Liderazgo innato, Superioridad, Necesidad, por Poder) y Los Contextos Situacionales Determinados (Abstracto: Cultura y Época; Concreto: Militar, Social, Psicológico, Sexual y Religioso). Claro ésta que pueden haber, y de facto, hay, más formas de clasificación, pero optaré solamente por las anteriormente señaladas, por considerarlas más simples en su expresión y aplicación.

Formas de Expresión del Poder

- Poder por liderazgo innato:

El concepto de liderazgo innato viene a caracterizar a un ser humano con patrones mentales de líder. Aquellos que, por determinación biológica, poseen la capacidad de dirigir a otros seres humanos mediante sus habilidades de manipulación. El concepto de “innato” es una metáfora, ya que ningún carácter puede venir con el ser humano, exceptuando su determinismo estructural[2] que viene a formar parte de la fisonomía; de todas formas, independiente de la abstracción representada por “innato”, la palabra hace referencia a la forma en que se desarrolló esa cualidad de manipulación en el hombre, a tal punto, que se tiende a pensar que no solo pertenece al líder, sino que es-con-el-líder.

- Poder por superioridad:

Aquí, el concepto de poder se expresa en la fuerza o el número con el cual se establece la relación de poder.

La fuerza puede ser tanto física como mental, por lo tanto, se incluye aquí el concepto de autoridad (Véase el Experimento Milgram). Frente a ésta última apreciación realizada, la autoridad es la que ejerce el poder, ya sea de contrición física como advertencia o destrucción mental como represión a algún intento alborotador. Este concepto de autoridad queda expuesto de una forma espeluznante en una obra del séptimo arte: El Experimento.

La película basa su trama en la simulación de las relaciones de poder que operan como resultado de la restricción de la libertad, como castigo por un acto cometido contra el desarrollo rígido de las relaciones sociales en un ámbito contemporáneo (extensible, eso sí, a otros tiempos, como una comparación contextual, mas no consecutiva). Es muy importante señalar, según el argumento de la película, que el poder cuenta con una base sólida para darse, entiéndase la voluntariedad del acto de ingresar al experimento como prueba de la libertad previa al inicio del experimento. Dentro del experimento se dan tres factores, como son la relación gendarme-reo, el factor perturbador (personificado por el protagonista) y el factor represor. Este último es quien encarna el concepto de “canal de autoridad”. Es decir, el factor represor es quien ejerce el poder de forma directa (aplicado al contexto de la película). La relación gendarme-reo es la necesaria para que, en un ambiente en donde los patrones de relaciones sociales están cumplidos, se den relaciones de poder. Pese a lo antes dicho, creo que debo recalcar la importancia del factor perturbador por sobre los otros dos. Es innegable que este factor tiene un rol muy importante en la película, pero lo más asombro respecto de éste punto es que la perturbación respecto de un sistema establecido es extrapolable a todas las situaciones del contexto histórico asociado al desarrollo del hombre, en que se han vivido revoluciones generalizadas. De esto se deduce la importancia del factor perturbador como un agente de cambio para con el orden establecido, lo cual conduce, si lo llevamos a su postura más extrema a la posibilidad de la evolución.

En definitiva, la película representa un ambiente en donde las relaciones de poder se dan en un contexto de autoridad.

- Poder por necesidad: [3]

El poder por necesidad se da en un marco práctico que involucra principalmente a la unión de las masas para conseguir un objetivo determinado por el encargado de la situación: el líder.

Si tomamos la definición de que el poder es la posibilidad de lograr que un hombre o un grupo de hombres responda a un impulso determinado, de una forma determinada (o predeterminada), tendremos una expresión ad hoc al poder de necesidad. La orden se da siguiendo patrones establecidos por los estudiosos de la conducta (Véase Conductismo de Skinner) y se obtiene una respuesta esperada, es decir, que los hombres se unan para lograr el objetivo.

Este aspecto del poder no genera muchas interrogantes, principalmente porque lo vivimos a diario, además de tenerlo inmerso en nuestro lenguaje (la unión hace la fuerza); sin embargo, es una de las formas de poder más interesantes. Aunque deberé alejarme del tema del poder propiamente tal, entrando al camino de los tipos de inteligencia, será de suma importancia su comprensión para lograr introducir la terminología de un tema en el otro, cumpliendo así una analogía de formas de organización de la vida en su mayor expresión.

Partiendo de los puntos básicos del poder por necesidad, debemos aceptar que se da en términos colectivos. Luego, analizando la historia, veremos que ninguna unión a dado un verdadero resultado que haya sido fructífero en el momento, siempre se ha hablado de proyectos a largo plazo… He allí el punto central a cuestionar.

En el tema de la inteligencia individual frente a la inteligencia colectiva, se afirma que la inteligencia individual se ve disminuida frente a la inteligencia colectiva, debido a que ésta última, en término de seres humanos, viene siendo la suma de los individuos que conforman el colectivo. Ahora bien, en términos animales, la inteligencia colectiva viene conformando un entramado de interrelaciones inmediatas para un fin contiguo. Lo que quiero expresar es que la inteligencia colectiva del ser humano es un desastre en comparación con la de los animales, ya que estos últimos no suman personalidades individuales (como si eso fuera posible en otro aspecto que no sea el teórico) sino que comprenden a todos los seres en uno solo. En otras palabras: toman una decisión unánime y acertada, en base a la mayoría, como si no existiese mayoría, o sea, no existe el resentimiento que queda en el ser humano cuando su opinión no es tomada como válida. Podemos decir que la inteligencia animales todos poseen un mismo nivel de aceptación, y si una opción es considerada correcta por una amplia mayoría, entonces es la acertada, esto en base a la experiencia individual de cada animal acoplada al colectivo. Un ejemplo se encuentra en la Revista “National Geographic en español Edición Julio de 2007”, en el reportaje “inteligencia de masas” se hace referencia a como un cardumen de peces utiliza la inteligencia colectiva para evadir a un tiburón, de tal forma que el tiburón queda confundido sin sabes a quien atacar[4]… Luego el reportaje concluye con la introducción de estos tipos de organización en los procesos de traslado por camiones en EE.UU. Pero, a qué quiero llegar con esto. Es verdad que me he desligado completamente del tema central, mas no podía dejar pasar esta semejanza entre la organización animal y humana; esto por un motivo fundamental: aunque parezca increíble la inteligencia animal no necesita de ningún líder para funcionar. He allí el punto fundamental, en el tema del poder por necesidad el ser humano siempre es dirigido, lo cual conduce a una forma de actuar no-reflexiva. Es verdad que en la inteligencia animal colectiva, cada espécimen actúa conociendo el como, pero sin saber el por qué de la acción (lo cual es similar a la forma de actuar del hombre sumiso o de quien recibe la acción), sin embargo, éste accionar animal contempla la unión de experiencias de una forma no excluyente, de tal forma que se genera un proceso de rápido aprendizaje sin líder. Por otro lado, en un ámbito de relaciones sociales humanas lideradas por un hombre dotado de autoridad y poder, ésta situación de rápido aprendizaje no se da. Los “por qué” de la cuestión no los profundizaré, ya que no es mi intención ahondar más en un tema que posee una relación importante, mas no trascendental para el desarrollo del concepto de poder.

- Poder por poder:

Esta forma de poder es el resultado de la transición de un grupo de hombres por cualquiera de las tres anteriores. Por lo tanto, viene a ser una expresión generalizada para cualquier grupo y aplicable a todos los contextos de poder.

El poder por poder es una manera de decir que la estructura estratificada en donde un líder o un Gobierno se han afirmado en la cima, resulta ser tan dominante que causa costumbre para aquellos que la conforman. Y, como resultado, se mantiene por un período indeterminado de tiempo, quizás con una renovación del individuo que ostente el poder; pero sin ningún cambio drástico que marque un hito histórico en la sociedad del momento. Ahora bien, es consabido que el poder por poder no conduce a ningún desarrollo del ser humano ni como un ser individual ni como su conformación en colectivo, de ahí que se incluya el factor perturbador en éste tipo de poder. El agente de cambio es el que derroca al líder o Gobierno del momento y, utilizando la misma estructura rígida anterior, invierte o destruye la situación. De esta forma el poder se mantiene, pero cambia las consecuencias que las relaciones de poder generaban.

Poder en Contexto Situacional Determinado

La segunda forma de clasificar el poder la obtengo luego de analizar las relaciones de agrupación del individuos consigo mismo y con los otros, aludiendo al concepto inicial de Sí mismo/Otro. Además, decidí agregar dos subdivisiones más, siendo las Abstractas[5] las que determinan la Situación, y las Concretas las formas en las que se da la situación. Es decir, las abstractas tienen injerencia directa entre sí y, además, sobre las concretas.

Abstractas:

He definido abstractas como aquellas que involucran al colectivo, y las cuales el individuo no puede determinar mientras las vive, sí por una análisis posterior a la situación abstracta acontecida. (Ubicuidad del concepto Temporal y Espacial)

- Abstracta Cultural:

Aquí aparece el concepto de Mentalidad y percepción. El colectivo maneja cierta información que determina ciertas actitudes básicas. Por ejemplo, un conjunto de información presente en la época patriarcal del pueblo Judío es la importancia que se les daba a los padres, lo cual conllevaba una serie de actos cuando un tema involucraba al padre. La comunicación con el padre involucraba más que respeto, era una forma de yugo que oprimía y que impedía cualquier insolencia frente al padre. Es decir, la percepción tenida hacia la figura del padre era muy importante. Esto, en un contexto cultural solo aplicable al pueblo hebreo. Otro ejemplo similar es la trascendencia de la Iglesia y el poder que poseía sobre todos los hombres del Medioevo conquistado por la cristiandad. Nuevamente se tiene un ámbito contextual aplicable solo a la situación de la cultura religiosa.

- Abstracta de Época:

En el contexto de época se involucra el Tiempo, mientras que en la anterior se utilizó el espacio, según el lugar en donde estuviera ubicada una civilización, la cultura era la misma. En el aspecto del tiempo se haya involucrada a toda la población mundial como un todo, claro que es importante recalcar que ningún precepto puede ser aplicado a todas las culturas por el simple hecho de estar en la misma época. De allí también el concepto de abstracción, esto solo existe en el ámbito teórico, luego, para llevarlo al campo práctico hay que considerar infinidad de factores, entre estos, el abstracto cultural.

Volviendo a la definición del abstracto de época, aparece la importancia del desarrollo de las teorías cognoscitivas en su ámbito temporal asociada al operar de la relación intercultural del hombre. En este momento, la forma de percepción (Abstracto Cultural) del mundo y de los otros hombres es lo fundamental. Las relaciones de poder aparecen dependiendo de cómo percibimos a los otros que me rodean, apareciendo los patrones de discriminación como superioridad racial, genérica, etc.

Concreta:

Como concreta pretendo especificar a aquellas situaciones que son perceptibles por el individuo en su vida cotidiana, ya que en algún momento de ésta, las experimenta, ya sea una o más veces.

- Militar:

De una forma específica, el individuo se relaciona con el concepto de poder, al pertenecer a un regimiento y tener que obedecer las órdenes de un capitán. Esta forma de poder es absoluto, ya que el soldado es privado de toda libertad, exceptuando unos breves momentos, cuando tienen derecho para preocuparse por sus intereses. Si estos cortos períodos de tiempo no existieran no podría hablarse de una relación de poder, sino que de una relación de esclavitud mental, y por consiguiente, esclavitud y entrega física.

A modo de interrelación, el contexto del poder militar se dio en una cultura y en una época determinada, de una forma determinada (definición de poder anterior[6]) Si se variase la época y la cultura, por obviedad variará la forma de la relación de poder en el contexto militar. Si, por el contrario, cambiamos solamente el contexto militar, hablaremos de un hito histórico, sin variar la época o la cultura asociada previamente)

- Social:

En la relación de poder social, la segunda instancia de poder que conoce el individuo es la familia. En una situación histórica asociada al pueblo Romano, hablamos de “Pater Familias” para referirnos a quien poseía la autoridad en un grupo familiar. La misma situación se da en la actualidad, quizás variando el título romano por uno más contemporáneo, pero en el ámbito consecutivo, el resultado es el mismo: una experiencia de poder constante. (Sujeto a la familia)

Como una reflexión propia al tema del poder de la familia, si nos fijamos, aquellos individuos jóvenes o en etapas de desarrollo cognoscitivo que no poseen familia, se ven segregados de ésta instancia de relación con el poder, teniendo luego problemas con el órgano central del poder de una sociedad actual: sea éste el Gobierno o el Estado. Luego se lo declarará peligroso o antisocial[7]. Y, aquellos que van para ese camino se los declarará como “en riesgo social”.

- Psicológico:

En la situación anterior declaré que la familia viene siendo una relación de segunda instancia, debido a que creo que el carácter psicológico es el de primera instancia. Más bien por una obviedad que por otro análisis, pues percibo que es imposible llegar a relacionarse con los demás sin hacerlo con uno mismo, además, siempre que los demás fallen nos tendremos a nosotros mismos para relacionarnos con una forma de poder revolucionaria, en donde nosotros estaremos atados a nosotros mismos durante cortos períodos para disfrutar de una libertad más duradera. Ahora bien, destaco la importancia del Ego como aquel que domina al hombre, pero dar más detalles de esto sería extenderme en la psicología Freudiana de represión del yo, y no es lo que deseo.

Entonces, como no es mi intención hacer un tratado sobre las relaciones de poder, continuaré con los puntos que me van faltando, y no continuaré con una desarrollo extensivo del tema, pues considero que una posterior reflexión por parte del lector lo comprometerá más con mi punto de vista para que adquiera una absoluta comprensión de mis postulados (dando así lugar a la crítica posterior).

- Sexual:

Este ámbito se encuentra muy ligado al contexto anterior, ya que involucra el auto-conocimiento, y una de las formas en las cuales uno mismo (o el cuerpo en este caso) tiene poder sobre la mente, o viceversa. Cabe mencionar una “patología”[8] asociada al poder sexual, que es la relación de poder ejemplificado por el Sádico y le Masoquista. Siendo el primero aquel que domina al segundo. Nuevamente aquí se da el contexto previo de la voluntariedad como expresión de libertad, y el consiguiente ejercicio del poder de uno sobre el otro es una relación de poder como cualquier otra, solo que ligada a una situación concreta del mundo sexual.

- Religioso

La relación de poder se da en el ámbito de la creencia, y quien posee el poder es Dios. Dios viene siendo la autoridad, mientras que los clérigos y sacerdotes son los canales de poder. Ellos cumplen el mismo rol que tenían los guardias de la prisión de la película El Experimento. Que es el de ejercer el poder en nombre una Autoridad[9]. No es de importancia analizar las situaciones históricas en las que el poder religioso ha sido ejercido desmesuradamente, como tampoco lo hice en los cuatro puntos anteriores. Sólo me resta destacar un punto de ésta forma de poder, y este es el entrometimiento que utiliza el poder religioso para obtener sus objetivos. Ya que es necesario conocer todos los puntos importantes de las personas como individuos y a la vez como colectivo. Nuevamente me sirvo del ensayo de Foucault, para destacar la forma en que el Estado moderno se ha apropiado de la forma de acción del poder religioso (llamado Pastoral por Foucault) para lograr sus propios objetivos.

Una forma de poder analizada

El nazismo fue un movimiento que involucra muchos puntos que he expresado, y he decidido usufructuar de sus hechos para explicar en resumidas palabras mi clasificación del poder.

Dentro de las formas de poder que podemos detectar, aparece el liderazgo innato personalizado en Hitler, como una figura que traerá devuelta la gloria germana. También aparece el poder por superioridad, ya que en los inicios del Tercer Reich la superioridad de armas y de fuerzas alemanas frente a las demás naciones era notoria. Ahora bien, el poder por necesidad es el que aparecía por unión de las masas para conseguir una objetivo, nuevamente se da el contexto en la unión del pueblo germano bajo una solo líder (organización humana en contraste con la animal). Luego el poder por poder aparece cuando Hitler y las tropas germanas atacan Rusia sin tener un fin más allá de la conquista. Si recordamos, los planes de la Alemania Nazi era unificar a los descendientes de raza aria bajo un suelo determinado, y claramente Rusia no se hallaba entre aquellos que interferiría con los planes de Hitler.

Aparte, en el contexto situacional determinado (sujeción) tenemos lo siguiente: El aspecto militar está sumamente desarrollado, si recordamos, los miembros de las SS eran los más disciplinados. El aspecto social relacionado a la familia también está afectado, ya que es en el núcleo familiar de Hitler donde se gesta al líder que luego será. Tomando como referencia la obra “Psicoanálisis de Hitler” de Roberto Merle y Raymond de Saussure, vemos que el odio de Hitler hacia su padre es luego redirigido hacia los judíos. En el aspecto sexual encontramos un pre-acondicionamiento, ya que según la fuente “Cuerpo y Espíritu” de Morris Berman, los jóvenes alemanes aprendieron sobre la sexualidad viendo cadáveres en la morgue. Por último el aspecto religioso, si miramos la ideología nazi la veremos cargada de símbolos esotéricos o relacionados con las creencias nórdicas, con las cuales Hitler y Himmler estaban interesados.

Como he señalado, la forma de poder del Nazismo cumple con todas mis formas de clasificación, ya sea como un preámbulo a la relación de poder efectuada, o como una base a ésta misma.

Una conclusión al tema del poder

Si bien, las formas de relaciones de poder desarrolladas durante la historia han sido variadas, todas poseen patrones de análisis similares, al punto de tener desenlaces que varían en su superficie, pero que poseen las mismas consecuencias y causas. Solo una cosa saco a conclusión, que pese a todas nuestras diferencias culturales y de época no somos tan diferentes en nuestras formas de relacionarnos con los demás.

Nota al profesor (a): Tenía intenciones de mencionar el libro “El hombre en busca de sentido”, sin embargo, para no sobrecargar de textos mi ensayo he decidido excluirlo. Si bien, hubiera sido útil en el casi del análisis del Experimento o del régimen Nazi, creo que los ejemplos que puse bastan para entregar una clara comprensión de mi pensamiento.



[1] Tratado de filosofía hermética

[2] Condición que caracteriza al ser humano como tal, haciendo referencia a su constitución pluricelular.

[3] “El ejercicio del poder del Estado tiende a llevarse a cabo apelando a la necesidad de la mayoría. De esta forma niega las necesidades individuales de los grupos familiares o de las personas solas, trasladando el concepto de necesidad particular hacia la necesidad básica, otorgando la característica de inherencia para la vida del ser humano en su totalidad” Reflexiones propias al pie de página, haciendo referencia al manuscrito “El sujeto y el poder” de Michel Foucault respecto de la necesidad.

[4] A modo de ironía, imagínese a un grupo de personas nadando, si apareciera un tiburón el caos en que se sumirían las aguas sería memorable, siendo probable que ningún alma sobreviviría hasta que el tiburón quedase satisfecho.

[5] Juego de palabras que connota a la situación una cualidad de grupo (abstracta), o sea, intangible o imperceptible para un individuo; y la cualidad individual (concreta) como una forma tangible y perceptible para individuo, ya que se da en su vida cotidiana.

[6] “El poder es la posibilidad de lograr que un hombre o un grupo de hombres responda a un impulso determinado de una forma determinada.

[7] Y eso es lo que es. Al estar fuera de la sociedad porque ésta misma lo ha segregado, es capaz de ver con otros ojos el mundo. Aunque debo admitir que para el caso que yo expongo la palabra adecuada no es antisocial, sino que extra-social; como un ser que ésta fuera de la sociedad, mas no contra ella. Quizás el contra se dé debido al rechazo que la sociedad hará sentir al individuo extra-social.

[8] Pese a que aún es considerada por la psicología actual como una patología yo difiero de esto, por considerar que ésta relación se da debido a un pre-acondicionamiento acontecido a una edad temprana en la infancia de un niño.

[9] En la película la autoridad es el Médica a cargo, mientras que en la situación religiosa es Dios.