viernes, 29 de enero de 2010

Ponencia para la venida de Morris Berman a Chile - Enero 2009

Revisando la Trilogía sobre la evolución de la Conciencia



Para esta compleja y fascinante obra se hace necesario tener un punto de partida simple, sobre el que se pueda iniciar la compresión y aprehensión de la misma, en vista de una revisión personal de aquellas ideas que se pretendían transmitir. Estando la obra trilogizada y al ser de gran extensión, aquella tarea se hace aún más compleja, puesto que involucra reducir y cercenar contenido valioso e importante, ya sean ejemplos de las ideas discutidas, o nuevas ideas, o bien, distintos giros interpretativos de estas ideas. Por ello mismo, luego de revisar los planteamientos de Mauricio Berman y siendo mi objetivo dárselos a conocer someramente, me he decidido iniciar por la dicotomía del Sí Mismo/Otro, tomándolo como base al ser un tema transversal a la obra de Mauricio en particular, y de la gran mayoría de los saberes humanos en general: en el primer volumen se realiza una revisión del paradigma científico y se muestra la oposición entre el Sí Mismo y el Otro, como intrínseca al mismo paradigma en cuestión; el segundo volumen introduce esta dicotomía siguiendo a Winnicott y a Lacan con sus respectivos estudios de las relaciones objetales aplicadas primordialmente a niños, prosiguiendo con una revisión in extenso desde los intentos de revitalizar el cristianismo con la corriente gnóstica, pasando por los cátaros, la magia y su posterior evolución en la ciencia, el movimiento nacionalsocialista alemán y finalizando con la revisión de la adicción a los paradigmas y a las posibilidades que nos entrega la creatividad; por último, el tercer volumen explora las formas de vida en el paleolítico en contraste con el neolítico, revisando las formas de organización vertical y horizontal y finalizando con un potente mensaje que nos invita a sumergirnos en la paradoja de la vida y a vivirla sin aferrarnos a ideologías vanas, buscando la seguridad ontológica en nuestro propio cuerpo. Considerando lo dicho anteriormente como un mapa, comenzaré por presentar la dicotomía Sí Mismo/Otro expresada en el “Reencantamiento del Mundo”.

El paradigma científico tiene sus cimientos en dos grandes hombres: Descartes y Bacon. El primero, representante del racionalismo; el segundo, del empirismo. Usualmente se advierte una oposición muy fuerte entre estos dos conceptos, pues, mientras que el primero pretende obtener el conocimiento de la lógica, reduciendo cada cosa a la suma de sus partes, además de otorgar supremacía a la Mente por sobre el Cuerpo; el segundo se aboca a la búsqueda del conocimiento a través de la experiencia, forzando a la naturaleza con experimentos para que esta se revele al hombre y pueda así ser dominada y utilizada. Se observa claramente la oposición entre la Mente de Descartes y la Materia de Bacon, sin embargo, la historia ha puesto de manifiesto que ambos programas pueden aplicarse conjuntamente. Explicaré esta relación: Descartes tenía la necesidad de un método de pensamiento para aplicarlo, mecánica y rigurosamente, a cada fenómeno a estudiar, siendo este la parte teórica de un posterior método científico, que definía la visión del universo como una enorme máquina. Por su parte, Bacon decía “para conocer la naturaleza, trátala mecánicamente”, entonces tu mente también tendrá que comportarse en forma mecánica; también consideraba que el conocimiento de la naturaleza sólo surgía bajo condiciones artificiales (natura vexata). Por ello, mientras que Descartes se encargaba de la parte teórica del método de conocimiento humano, Bacon daba sustento material a la teoría de Descartes. Observaremos, entonces, como el “por qué” pierde importancia frente a un “como”: la mecanización de la mente y de la materia llevará al hombre a vivir en un mundo desencantado, muerto, mecánico, únicamente dispuesto para ser abordado y explotado por y para este, donde los motivos que impulsan a los hombres son de carácter funcional (la inexistencia de la ética en la ciencia tiene sus cimientos en esto, es irrelevante el “por qué” hago algo, sólo me interesa “cómo” hacerlo… de hecho, gran parte de nuestras respuestas obedecen al “como” antes que al “por qué”, veremos a los conceptos “bien” y “mal” reemplazados por respuestas funcionales como: me es útil hacer esto, me servirá realizar esta tarea, etc.). Esto representará un quiebre con respecto al pensamiento griego, que era contemplativo, pues la ciencia moderna será dinámica. El asunto de ahora es hacer, no ser. Acarreará entre sus consecuencias la igualdad entre Verdad y Utilidad, la identificación de conocer con controlar, entre otras. También se verá afectado el inconsciente, siendo deslegitimado y extirpado de aquello llamado “conocimiento”. A raíz de lo anterior mencionará Mauricio, la rapidez con que la conciencia moderna ha destruido la psiquis humana, fragmentándola y descorporeizándola. Ciertamente que los avances en tecnología han sido muchos, sin embargo, el costo de todo esto es aún mayor. La represión y deslegitimación del Otro como un ser al cual se lo puede conocer dominándolo y alejándose de él tiene consecuencias en esferas cercanas a nuestra vida, por ejemplo, en las relaciones amorosas. Zygmunt Bauman en “Amor líquido” las pone de manifiesto, no existe tal interés en comprender al Otro ni en comprometerse con él, menos aún de hacer el esfuerzo de reducir nuestro Ego para que el Otro pueda expresarse en su integridad e individualidad: en un mundo desencantado donde imperan las jerarquías verticales y la ciencia sin cuerpo, conceptos como “amor” simplemente no tienen sentido. Dicho de otra forma: aquello que realmente es real desde el siglo XVIII hasta el nuestro es lo abstracto, es decir, átomos, gravedad, el momentum y la masa inercial… aquello que sentimos no existe.

Y pese a lo anterior, es curiosa la aceptación total que se da a la ciencia como la Verdad que explica todo o que tendrá que explicarlo todo, siendo que la ciencia adquirió su poder explicativo sólo dentro de un contexto que era congruente con esas explicaciones y hechos (en este caso, la existencia de la Revolución Comercial, fue útil y requirió del potencial manipulador de la ciencia para con el mundo material, no olvidemos que no fue únicamente el “por qué” el reemplazado por el “cómo”, sino también la “calidad” por la “cantidad”). Por esta razón, será necesario considerar a la ciencia como un sistema de pensamiento adecuado a una cierta época histórica, tendremos que intentar separarnos de la impresión corriente de que es una verdad absoluta, transcultural; el quiebre que con estos pensamientos introducirá Berman será terminante, deberemos aceptar que la visión científica de un mundo desencantado es nuestra, y que no podemos pretender imponerla a otras culturas. Para la cultura Mapuche, por ejemplo: la tierra está viva y hay que cuidarla y convivir con ella; no podemos pretender la superioridad de nuestra cosmovisión sólo porque posea un mayor poder manipulativo; no podemos hablar, otro ejemplo, de la inoperancia de la ciencia Aristotélica para con el mundo en contraste con la ciencia moderna, pues, demás está decir que el objetivo de ambas era muy distinto, conjuntamente con las diferentes formas de vivir y sentir la vida.

Ahora bien, pese a que el quiebre definitivo se produjo con la ciencia moderna, la dicotomía Sí mismo/Otro tuvo su origen mucho antes y, por cierto, es transversal a toda nuestra cultura: Podemos retroceder lo suficiente como para encontrarnos con Sócrates diciendo: “conócete a ti mismo” como un tipo de conocimiento deliberadamente no sensual, en oposición a la tradición poética griega que sí era sensual. También podemos ver la dicotomía en el cristianismo, pues en sí, este es un paradigma religioso, un –ismo al cual aferrarse. En Cuerpo y Espíritu ahondaremos más en la dicotomía, mencionando la existencia de un espacio vacío entre el Sí Mismo y el Otro. Dirá Pascal en los tiempos de la ascensión de la ciencia: “los silencios de los espacios infinitos me aterrorizan”, pues ahora “existen” átomo, la materia es discontinua y yo no soy nada. De este vacío institucionalizado y exacerbado por la ciencia, que yace en el corazón del paradigma cartesiano; de aquella dualidad esquizoide de la percepción del cuerpo como otro; de este Miedo al Vacío y de nuestra descorporeización, surgirá la necesidad de buscar soluciones, y aquellas serán aferrarnos a los –ismos, esto que Berman llamará la “adicción al paradigma”. El simple hecho de buscar soluciones nos indica que se esta en presencia de un problema, y parece ser que desde pequeños buscamos llenar ese vacío, el miedo al nemo, a ser nadie. Y es ese “nemo” aquello que sentimos en el silencio, cuando experimentamos nuestro cuerpo en su integridad: por ello el mundo de la actualidad es ruidoso y tiene miles de tareas que hacer, pues es menester mantenernos ocupados, no vaya a ser que veamos las contradicciones de nuestra existencia… Dice Berman respecto de esto: La vida y la personalidad humana son inherentemente desquiciadas, multifacéticas; la neurosis es la incapacidad de aceptar este hecho.

Encontraremos, entonces, esta brecha entre el Sí mismo y el Otro como algo enraizado en nuestra cultura occidental. La ciencia no será nada más que un nuevo paradigma que intentará llenar, sin lograrlo, aquella brecha. De la misma forma que alguna vez lo fue la religión o cualquier ortodoxia que se haya impuesto como poseedora de la verdad durante algún período. La herejía de la experiencia extática de ascensión, pese a ser revitalizadora también posee un carácter adictivo. Berman recorrerá en Cuerpo y Espíritu las herejías de ascensión, mas todas ellas se revelarán como parteras de paradigmas que se autoproclaman como “nuevos y mejores”, como aquellos únicos poseedores de la “verdad”. De la misma forma que durante la opresión del Imperio Romano surgió el cristianismo (y tuvo suerte), durante la Edad Media la revitalización provino de los magos, aquellos que si realizaban experiencias místicas de ascensión, y de la magia a la ciencia hay muy pocos pasos. De hecho, consiste en eliminar las cualidades de equilibrio y el sustento somático que tiene la magia y extraer de ella únicamente sus aspectos manipuladores y ¡voilá! Nace la ciencia. Si su nacimiento es causa de la brecha Sí Mismo y Otro, el proceso es generalmente el mismo: 1. Se utiliza una introvisión oculta o somática para desalojar un sistema antiguo (Escolástica v/s Ciencia); 2. Reaccionar temerosamente a la misma arma que hizo posible el cambio, desechándola y erigiendo en su lugar un nuevo sistema (rígido)… paradojalmente, este nuevo sistema depende para su existencia de la misma introvisión mística ahora rechazada… ¿Perciben lo patológica y asustadiza que es ésta reacción? En resumidas cuentas, el tránsito de una época de fe a una época de la razón jamás ocurrió, simplemente fue de una edad de una fe, a otra edad de otra fe, y escondida entre aquellos sistemas, la herejía… cierto, la herejía, esa Otra Voz del Tercer Volumen, la alternativa nunca escuchada… La herejía es herejía porque aboga por una experiencia somática directa, sin intermediarios. La ascensión confiscada por la ciencia produce rascacielos cada vez más altos, viajes al espacio (con seguro de vida incluido), es decir, una experiencia de ascensión hacia Dios con seguridad, con intermediarios, sin riesgos: “Nosotros lo haremos por ti”, dice la ortodoxia; mientras que la herejía dirá “puedes hacerlo tú mismo”.

Y ello nos lleva a mirar la actualidad. Pareciera ser que se avecina un nuevo cambio de paradigma, del paradigma cartesiano al paradigma holístico. Querámoslo o no, es un –ismo (holismo) y el salto que se produce es igual al realizado con antelación entre religión y ciencia analítica. Poseeremos una enriquecedora visión sistémica de la vida, el bien triunfará sobre el mal y la ciencia analítica y atomística perecerá, mas no seamos ingenuos, si vemos el meollo del asunto nuevamente estaremos haciéndole el quite a la vida misma, cambiándola por un paradigma que configurará nuestra visión de la vida. Quizás existan cambios esperanzadores, pero taparemos unos hoyos para que se abran otros más (el barco está sobrepoblado, igual que nuestra querida Tierra), pues continuamos pretendiendo que un sistema puede explicar todos los fenómenos, que en un solo paradigma hallamos la verdad. Sin embargo, la única verdad reside en aprender a liberarnos de la insana pasión por la verdad, como citará Berman en su texto. Pero si el místico buscando la verdad o a Dios busca ascender, entonces la herejía final será cruzar o incluso descender, no por nada dicen que “el arte más elevado es el arte de vivir una vida ordinaria de manera extraordinaria”.

Como hemos visto, la falta básica entre el Sí Mismo y el Otro constituye gran parte de la historia de la humanidad: los mitos y leyendas que oponen al bien contra el mal, el héroe que busca separarse de la unidad, el cíclope cegado, el tercer ojo, el ojo de la intuición, eliminado, etc. Pero aún nos falta mencionar a un ser, un ser que la sociedad asocia a la locura, que por sus características pasan a la historia: hablo del artista. Berman divide la creatividad en 3 tipos: la primera hace alusión a la inhibición total del proceso creativo, represión sobre el niño anula su curiosidad; la segunda engloba a la gran mayoría de nuestros artistas de occidente, corresponde al artista neurótico, no espontáneo, compulsivo, que se esfuerza en realizar el proceso creador, que se casa con su obra y que le estampa su nombre, busca hacerse presente, sufre erupciones desde el inconsciente, busca romper con la tradición (asesinar al padre) y todo esto a un muy alto costo psíquico; la tercera categoría está casi desierta, salvo por los niños que pueden interesarse mucho en su trabajo, pero que no le ponen su nombre a la obra, ni siquiera están concientes de lo que hacen en un plano racional, pero les agrada, y lo realizan libremente, sin aquella conducta neurótica, siendo este el arte espontáneo. El artista, entonces, será visto como un loco, pues experimentará la brecha del Sí Mismo/Otro y tendrá en sus manos la posibilidad de crear una obra que constituya un proceso sanador temporal, de la misma forma que una relación amorosa corta: se iniciará por la acometida romántica, la declinación, los celos y la posesividad (la firma de la obra) y la desilusión (mala crítica). Este ciclo solo llevará a buscar una nueva pareja (nueva obra) que sea mejor que la anterior (requerimiento de que el artista se “supere” en cada trabajo). El problema de esta forma de creatividad es la destructividad hacia la que conduce, generalmente termina con la mejor obra del artista antes del suicidio, pues para que la obra sea crecientemente bella, el artista tiene que generar cada vez mayores divisiones o encuentros con el Vacío de los cuales recuperarse (Para Van Gogh, y para muchos otros, la depresión aguda es casi bienvenida, un manantial de drama y energía creativos). Como dice Berman, es un campo lleno de cadáveres psíquicos… y también reales. La alternativa a este camino destructivo la hallaremos en Oriente, en donde podemos encontrar ejemplos de la tercera configuración, en donde luego de solucionar el problema, se crea la obra: el artista crea desde lo que tiene y no desde lo que carece y ansía conseguir, tampoco lo hace para sanarse, pues el proceso ya sucedió, de ahí que este ausente la tensión en la obra de la tercera configuración, y de que usualmente esta verse sobre la naturaleza antes que sobre temas o problemas humanos. Al realizarse la obra luego de la sanación, la creación se considerará terminada.

¡Y todo esto por intentar cerrar una espacio Vacío! Nuestro miedo y nuestro desapego del cuerpo confluyen en nuestra necesidad adictiva a la generación de paradigmas. La propuesta de Berman es potente y simple. Dirá Berman: “… la solución, si la hay, es mucho más modesta: consiste en la capacidad de vivir la paradoja y avanzar desde ahí, sin ninguna expectativa utópica” Sin que nuestras ideas se transformen en ideales o ideologías: “el problema no consiste en que algunas ideas no sean válidas, sino en que las culturas sedentarias y con gran densidad demográfica tienden a convertir estas ideas en fetiches y en explicaciones totales”. Nuestro gran problema es que, en vez de que la vida nos baste, tenemos que merecerla; y para ello, tenemos que hacer, no ser. La adicción a los paradigmas solo revela las ansias de inmortalidad del hombre, como una negación del cuerpo y de la muerte. Como dirá Deleuze “nuestra tarea es enseñarle al alma a vivir su vida y no a salvarla”, curiosamente para Berman “el alma es lo que el cuerpo hace”.

Según vemos, la única posible y verdadera alternativa consiste en el abandono del paradigma, pues nuevas ideas traerán nuevos problemas, y nuevamente empezaremos a buscar otros más. El pensamiento de Berman es claro y directo: “reconocer que no necesitamos una drástica transformación de la realidad y la cultura, sino tan sólo el deseo de vivir en esa cultura y realidad, y al mismo tiempo hacerlo posible por encontrar soluciones inteligentes –sin superlativos ni aspavientos- a los problemas actuales, y dejar que el futuro se ocupe de sí mismo. Porque cuando llegue el futuro traerá sus propios problemas, y ese será el momento de lidiar con ellos”. A fin de cuentas, la magia de la vida está en vivirla, en hacer según nuestro ser; quizás en algún momento comprendamos la paradoja de nuestra vida y dejemos de buscar paradigmas; cuando veamos directamente a la paradoja y observemos que ese cúmulo de contradicciones es un mar de posibilidades miraremos a nuestro lado, hacia el Otro, y podremos vivir de verdad, comprendiendo que siempre estuvimos en el lugar indicado o como T.S. Elliot nos dijo:

“No cesaremos de explorar,

Y el final de toda nuestra exploración,

Será llegar donde comenzamos

Y conocer el lugar por primera vez”

Muchas gracias.

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